Hay mañanas en que el corazón te avisa, sin ruido y sin anuncios. Es esa sensación tranquila de que hoy puede ser distinto, aunque todavía no sepas exactamente cómo ni por dónde empezará el cambio.
A veces esperas una señal, y esa señal no viene de fuera. Llega cuando decides mirar con otros ojos, cuando dejas de repetir la misma mirada de siempre y te permites ver lo que tienes delante de otra manera. Ese cambio de mirada, aunque parezca pequeño, lo cambia todo.
Lo que esperas no está lejos: está esperando que abras la puerta. No una puerta perfecta ni grandiosa, sino la que se abre cuando eliges con calma, cuando das un paso sereno y dejas que tu vida empiece a ordenarse desde dentro.
No hace falta tener todo resuelto para empezar. Basta con reconocer que estás a tiempo, que tu historia todavía se está escribiendo y que cada día trae una página nueva que nadie puede escribir por ti.
Que esta mañana te recuerde algo sencillo: hoy puede ser la mañana en que abras la puerta, y ese comienzo empieza en el momento en que decides mirarlo con esperanza.