Hay noches en que el corazón descansa, sin prisa y sin ruido. Es esa calma que llega cuando el día se apaga y, por fin, puedes respirar tranquila, sin cargar con todo lo que pesó durante el día.
A veces pensamos que lo que esperamos se perdió, pero muchas veces solo está esperando que lo miremos con calma. Cuando la mirada se serena, lo que parecía lejos empieza a verse más cerca, y lo que parecía imposible empieza a tomar forma.
Lo que esperas no se perdió: está esperando que lo mires con calma. No hace falta correr ni resolverlo todo esta noche; basta con soltar un poco, confiar un poco más y dejar que la tranquilidad haga su parte.
No todas las respuestas llegan de golpe. Algunas llegan en silencio, en una noche tranquila, cuando el corazón deja de pelear con el pasado y se abre a lo que viene. Esa serenidad también es un comienzo.
Que esta noche te recuerde algo sencillo: hoy puede ser la noche en que descanses tranquila, y mañana puede empezar distinto, con más calma y más esperanza.